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miércoles, 21 de julio de 2010

Sapo de otro pozo...

Estaba enojado el señor sapo porque hacía varios días que no llovía. Meses, podría decirse, sin pisar un charco, tomar una gota de una canilla rota, ó saborear las lágrimas saladas de los chicos que le tiraban piedras.

El señor sapo fumaba sin parar. Tenía sexo sin querer. Fagocitaba lombrices que aborrecía por su gusto dulzón. Y le provocaban mucha sed. Tanta era la desesperación que empezó a alucinar.
Y tuvo fiebre varios días y varias noches. Alucinaciones y visiones fantasmagóricas. Un amanecer la fiebre cedió un poquitito...

Y soñó que un sapo viejo, le decía, que cuando viera a la estrella más luminosa reflejarse en el pasto, comenzara a cavar: allï sería el lugar exacto para encontrar agua. Así lo hizo.
Una madrugada salió de su agujero con su mochilita naranja y gris. 
De tanto en tanto, miraba al cielo. Un hilo plateado bajaba en tobogán y se le enredó en sus patas: Encontró un palito y con el esfuerzo de los débiles, lo empuñó una y otra vez. Una y otra vez.
Del pocito salían hormigas culonas y arañas doradas. Semillas de girasoles y un abrelatas. Un rollo de cinta aisladora , un yogurt vencido en el noventa y ocho y dos fotos carnet semiborrosas...
 Asomó su cabeza y sus ojos saltones no podían creer el milagro: en el fondo del pozo brillaba la luna reflejada en su deseo. En su necesidad.
 Abriò su bocota de sapo. Sonrisa de ojo a ojo. Y se comió el pozo. Y la lata que quedó dentro del pozo, cayó en su panza fofa, como desgracia divina...





(Hinchado de orgullo de lata, se quedó esperando, que después del trueno,  dios se apiade de su sed. Y de su dolor… )







jueves, 17 de junio de 2010

La Balanza del bien y del mal




Con dificultad, Ana fue poniendo los pedazos de su propio cuerpo sobre la balanza. Primero las piernas, el tórax, el busto, los brazos. La cabeza la dejó para el final. Entreabrió los ojos y los clavó en la temida aguja que marcaba treinta y ocho. Treinta y ocho kilos de una humanidad fagocitada por si misma.


Tiró el aparato con furia por el balcón y ella saltó por detrás para rescatarlo. Quería que le dijera la verdad: -Espejito, espejito, ¿hay alguien más delgada que yo?-

Pero ya era tarde. Logró pesar veintiún gramos menos, aunque la aguja siguiera clavada milagrosamente en el exacto lugar, en el preciso límite entre el deber ser y el parecer.

Hacía cinco años que Ana era un fantasma deambulando en un mundo inventado de Barbies y mentiras piadosas.


Esa noche, tarde, una balanza perdió la vida por no callar una cruel verdad. Todavía nadie llamó al 911.




                

Nadie enferma de nada que no ha aprendido antes...
                                                                  Juan Carlos Dominguez Lostalò

viernes, 11 de junio de 2010

Resistir

LA ESPERA

  La piba tenía un moretón en forma de medialuna debajo del mentón. En el ojo izquierdo, un hilito rojo como un piolín caía por la blusa blanca raída y se anudaba en un tatuaje, que tenía debajo del ombligo.
Lloraba en un silencio resignado, hamacándose entre los brazos de su mamá, ante la fría mirada de una humanidad de más de ciento y picos de kilos, disfraz azul marino. Jinetas y arma de fuego a la cintura XXL.
La Marilyn se quería ir de ese lugar repugnante, que tantas veces la recibió con la misma cínica frialdad: 0800- MUJER “Tu camino hacia una vida sin violencia”. “No dejes que te toquen: tu cuerpo es tuyo”. “Diez consejos para saber que hacer en caso de maltrato conyugal: Gritar, llamar a los vecinos, escaparte, no olvidar los documentos, dejar a los niños al cuidado de alguien de confianza…”.
Habían llegado como espíritus en pena infinita, cerca de las tres de la mañana de un tormentoso domingo de agosto: empapadas, doloridas, apaleadas, embarradas; huyendo de un monstruo que tiene paradero aquí y allá, pero pocos lo encuentran: le gusta que le llamen machismo. Hay uno; Hay miles. Es pandemia y hace estragos. Algunas vacunas las tiene la comisaría de la mujer, pero muchas están vencidas: las vacunas; no las
mujeres…


LA DENUNCIA

(Tipea mal la maquina de escribir de la cabo Lopecito, como le dicen las internas)

En la ciudad de Beris so, siendo la s tres y veinte a.m. del domingo quince de agosto de dos mil ocho, ant e mí, cabo principal de turno, Ofelia López y disiend o jura r la verdad, so pena de apremios, se presentan do s femenino s: Sara Gutierrez de 36 años su hija Marilyn Gutierrez de 19. Que preguntando seles por el motivo de su presencia, dicen: Sí: saben leer. Sí: sabe n escribir. No: no conocen la totalida d de sus derechos.
Indagando por el motivo de su apersonamiento declaran: que la noch e mensionada, un sujeto masculino que se hace llamar El Pocho Toralba, mayor de eda d, después de beber abundante bevida blanca intentó por la fuerza obligar a la declarante, su pareja, a tener relaciones carnales con un masculino de la comunidad bolibiana, para obtener dibidendos y pagarse los vizios. Que ante la negativa de la femenina Gutierrez hija, el
mencionado Toralb a hizo uso de la fuerz a y comenzó a pegarle a ésta última, con ambos miembros superiores a puño cerrado, y con un fierro que utilizab a para asustarla en anteriores golpizas ya denunciadas, ocasionán dole herida s en rostro, vientre y partes pudendas de su cuerpo. Doy fé. La femenina mayor al escuchar los grito s de ésta se apersonó para zocorrerla, previamente tirarle caldo hirviendo al malviviente. Hueyendo de éste, ambas se apersonan hasta ésta comisaría, consus ropas mojadas, sin documentación que atestigüe identida, dejando lo s tres hijos menores de la denunciante
al cuidado de su bisabuela materna. Que no teniendo más que declara r, solicitan la
intervenció n del juez de menore s que obró en causa anterior a fojas cincuenta y uno. Qu e terminada la exposisión, ratifican t odo lo antedicho, fir mando dos ejemplares de unmismo tenor. Será justici a.

¿Será justicia?
Hay un sello y firma
Comisaría de la Mujer de la localidad de Berisso

LA MARILYN

Desde pendeja que no me lo puedo sacar de encima. Me junté con el Pocho a los catorce; él ya tenía como treinta pico, creo…para hacerse e el gato delante de otras minitas me decía “nena” y a mi me daba un odio bárbaro…
Parecía re dulce el chabón; pero nunca le gustó laburar: las primeras veces que venía a casa me decía que tenía “grandes planes para mi”. Era puntero del barrio Tres Manzanas…después entendí lo que me quiso decir… yo siempre viví del Plan. Plan
Materno, Plan Trabajar, Plan Jefas y Jefes. Esos eran sus grandes “planes…”
Al Guille lo tuve el día que cumplí quince. El Pocho se puso tan contento que me regaló la medallita del nene y de la nena. Todos pensaban que había tenido mellizos por eso, y me daba mucha gracia. Al Pocho, también. Y más contento se ponía, más tomaba. Eso si:
nada de otras porquerías. Le gustaba la birra y el tetra, nada más.
Mi vieja lo tenía cortito, por que era re jetona y puteadora. Aunque a veces le levantaba la mano a ella también, y siempre decía queralultimavez…La loca se hacía respetar como podía. Parece que algo de “cuiqui” el Pocho le tenía, porque a veces le traía puchos como para dos meses…se la quería comprar a la Sarita y ella lo perdonaba…
De vez en cuando desaparecía y me decía que se iba a laburar “afuera”, que lo mandaban de la agrupación política ó algo así… Una vez trajo un DVD, que lo tuve que vender cuando se me enfermó El Jhonatan, y en la salita no quedaba jarabe para la tos. Se ponía como loco con los chicos, y se la agarraba conmigo; que por que tosían, que porque lloraban, que yo era una mala madre, ¡que haga callar a esos malparidos!
A los dieciocho cuando tuve a la Laurita le dije que se fuera, que era un inútil, y me dio vuelta la cara de un cachetazo sin importarle que le estaba dando la teta a la chica. Mi vieja siempre me ayudó. Pero ya estoy harta de venir a la comisaría, y éste turro no me deja en paz…mi abuela se está enfermando culpa de él. Está depresiva. Y nosotras también. Tengo miedo que el juez me saque a los chicos…eso me dice ese turro…que se los va a llevar con su primera mujer…
La Laurita tiene asma… la tuve internada cuatro días…la doctora Gloria, de “la “salita”, por suerte me habla mucho y me aconseja. Pensar que nunca quería escucharla… Me presentó al abogado Antonetti y me animé a decirle lo que me estaba pasando. Después de eso, me arranqué las medallitas que me regaló ese hijo de mil y me tatué los nombres de mis chicos debajo de la cicatriz de las tres cesáreas ¡Ya vacaer ese animal! La Gloria y el abogado me dijeron que me van a sacar de ésta.
Yo la voy a pelear. Voy a resistir, como la canción: ¡Resistiré, para seguir viviendo!

EL EXPEDIENTE

Sra. Cabo Principal de turno Ofelia López

Comisaría de la Mujer

Ref: Denuncia N° 23543

Regional Berisso

De mi mayor consideración:

Me dirijo a Ud. a fin que me envíe en carácter de URGENTE una copia de la denuncia ut supra mencionada para ser agregada en la causa “Marilyn Gutierrez contra José Antonio Toralba, (alias el Pocho) en autos caratulados “Lesiones graves y abandono de persona”, fojas Uno a Cincuenta y Cuatro, tramitada ante la Secretaría de Minoridad y Familia. Dicho pedido obedece a que el original reclamado el dieciocho de agosto próximo pasado, fue extraviado por agentes a su cargo, obturando el procedimiento legal para dar curso al expediente. Sin más que solicitarle, le saluda atentamente:

Dr. Amilcar Antonetti

MAT 315412

Será Justicia

¿Será justicia?

EL FALLO
5 de mayo de 2009

…Condena a José Antonio Toralba, argentino, de 32 años, a la pena de 11 años de prisión efectiva por encontrarse culpable de los cargos de intento de asesinato, lesiones graves y abandono de persona hacia su ex pareja y madre de sus tres hijos menores, Marilyn Gutierrez…

Será justicia.

 










Trabajo ganador en la categoría Gráfica – Textos


Primer Premio Concurso Otra vida es posible



viernes, 21 de mayo de 2010

INVIERNO

Odio con toda mi alma congelada al 21 de marzo, aunque es otoño.
Odio al 21 de marzo, porque marca el comienzo del otoño y después viene el invierno.

En realidad, odio el 21 de junio.
Al que odio es al invierno, porque me hace invisible debajo de tanta ropa.
Porque el frio me produce escalofrios y ganas de llorar.

Odio el invierno porque no puedo tener charlas placenteras, porque el frio me achicharra la cabeza y no puedo escucharme

Detesto el otoño-invierno porque me des-erotiza, me des-corporiza

Odio el invierno porque me da frio sacarme la ropa para ducharme o para…

Y si tengo que bañarme ó… debo luchar contra: gorrita de pibe chorro de Telenueve, piyama de acetato, guantes, polerita de lana, camiseta de modal, corpiño con push up, culotte doble frisa, medibachas y dos pares de medias.

Odio el invierno porque el muchacho que comparte mi cama, muchas veces se duerme cuando lleguè a la polerita de lana…

Odio el invierno porque vivo con bronca. Me levanto con bronca. Cocino con bronca. Como con bronca. Camino con bronca. Me río con bronca. Lloro con bronca. Duermo con bronca.

Detesto el invierno, y cuento los días en el almanaque para que llegue más pronto la primavera.

Detesto la sensación térmica dándome cachetazos desde el epigraf del noticiero.

Odio el invierno: si lo tuviera de frente, si tuviera corporiedad, se lo gritarìa en su cara retorcida y malintencionada.

Odio la maldad del invierno, jodiéndole la vida a los que se tapan solo con diarios y cartones y a los que viven en ranchos de lata y plástico.

Me da bronca el invierno, que acuchilla con su filo las piernas arruinadas de las travestis y las prostitutas de la madrugada.

Que se ria en la cara helada de los viejos esperando que abra el banco para cobrar sus dos billetes.

Me da bronca el invierno, porque saca de su sueño calentito a los chicos del turno mañana.

Odio las metaformofisis del frìo: el granizo, la neblina, el aguanieve y el viento helado. La escarcha matinal. La parada del colectivo repleta de narices exhalando vapor. Las toses en concierto. Y los zapatos hùmedos tiritando en coreografía. Y el colectivo repleto, con olor a naftalina y tostadas con manteca tibias.

Para mi, el invierno y el frío, son dos de los inventos mas macabros en la historia de la humanidad.













lunes, 26 de abril de 2010

LINEA C, A RETIRO

Desde hacía varios meses tomaba el subte de las dieciocho cero siete en la estación Lavalle y bajaba en Retiro. Después corría a colgarse del tren que lo llevaría a su casa, en Villa del Parque.

Barba espesa, entrecano, vestía siempre traje de corte italiano, mocasines impecables y portaba un infaltable maletín negro: quizá era oficinista, abogado ó un desocupado más de la jungla de cemento. Ese lunes pudo, a los codazos, sentarse cuando una señora gorda bajó con toda su humanidad en Estación General San Martín.

Puso el maletín apretado entre sus piernas, cruzó los brazos y se fue quedando profundamente dormido. Tanto que, cuando llegó a Retiro alguien le tocó el hombro para que despierte. Lo primero que le llamó la atención fueron sus propios pies: sandalias turquesa de cuero de víbora y taco aguja. Finísimas.

Una sutil taquicardia comenzó a invadirle su cuerpo, su alma y sus emociones. Palpó las tetas gigantes que le explotaban desde un corpiño negro con encaje y se miró, sin querer verse, a través del reflejo de la ventanilla: el cabello largo y rubio le llegaba hasta la cintura. La pollerita no, apenas iba dos milímetros debajo de sus anchos glúteos; y el agente de seguridad que la invitaba a salir del vagón le susurraba bajito preguntándole cuanto le cobraría por un rato en el túnel de la línea C.

Entre lloriqueos y desconsuelo, sin dejar de aferrarse a su maletín, fue metida esposada al patrullero.

Disturbios en la vía pública, gritó el policía por el radio, y volvió a repetir la frase a la entrada de la comisaría, arrastrándola como si fuese una asesina. Y fue a parar a la jaula de los leones.

Le labraron un acta por no acatar las órdenes y resistencia a la autoridad, cuando intentó retener su preciado bolso de cuero.

Se escuchaban las risotadas: el circo romano había comenzado en el calabozo y los espectadores se agolpaban a uno y otro lado de las rejas.

Una mujer policía, máquina de escribir en mano, describía frente a un falso testigo, el contenido del maletín:

-corrector de ojeras: once

-lápiz labial rojo: cuatro

-pañuelos descartables: varios paquetes

-fotos de Nazarena Velez: veintitrés

-preservativos: dieciocho, once saborizados, el resto de los comunes.

-Estampita del Opus Dei: una. Medallita de la virgen Desatanudos: una.

-Carnet de socio 4567 de Atlético de Tucumán: uno

-folletos con la leyenda: “SEÑOR VECINO DE VILLA DEL PARQUE: HAGAMOS JUSTICIA. HAGAMOS PATRIA. ERRADIQUEMOS DE NUESTRO MUNICIPIO TRAVESTIS Y GAYS QUE ALTERAN NUESTRA VIDA COTIDIANA Y SON UN MAL EJEMPLO PARA NUESTRAS BENDITAS FAMILIAS. MARCHEMOS TODOS LOS LUNES A LAS CUATRO DE LA TARDE A FLORIDA Y LAVALLE PARA HACERNOS ESCUCHAR. Cantidad: mil doscientos cuarenta y siete.

-Documento nacional de identidad: 14.567.908: a nombre de Juan José Ibañez, uno.

Los gritos de pidiendo socorro, yo no se que pasa acá, me lastiman, me quieren violar, fueron captados por el camarógrafo de un canal de cable que casualmente hacía guardia en lugar.

Mientras los policias se divertían repartiendo folletos, preservativos y fotos de Nazarena entre el público presente, le labraban otra acta por hurto calificado y usurpación de identidad…

















jueves, 15 de abril de 2010

EL SECRETO DEL HECHICERO

Erase una vez un mago que vivía cerca del río. Era un mago muy solitario; nunca nadie lo visitaba, pero un día, un chico llamado Nicolás tocó su puerta.


El mago asombrado se encuentra con el niño y le pregunta que le había pasado, porque el niño estaba sucio y tenía frío. El mago lo hizo entrar y le dió una taza de chocolate caliente. El mago le pregunta por segunda vez que le había sucedido. El niño le cuenta que un monstruo lo atacó en el bosque,

A lo que el mago le responde -no, los monstruos no existen-. - y si, yo lo vi-, dice Nicolás. Entonces fueron juntos a investigar. El mago tomó una linterna y se fueron al bosque. Luego de tres días de campamento y búsqueda encuentran una cueva. Allí estaba el monstruo indefenso y herido. Al ver eso el mago hace un truco y lo cura. El monstruo agradecido les confiesa que el era un hechicero y le entrega su libro mágico de hechizos. Al ver que eran buena gente, les cuenta que una hechicera malvada lo convirtió en monstruo, pero para romper el hechizo debería llegar a la cima de la montaña: -alli se encuentra una flor llamada Ailén, que es mi cura-.

Nicolás dijo: !te ayudaremos!- Y salieron al amanecer. Empezaron a escalar, y luego de tanto esfuerzo contra vientos y lluvias llegaron a la cima.

El hechicero tomó la flor entre sus manos y se curó. Nicolás y el mago se pusieron muy contentos de haber podido ayudar. Juraron reencontrarse cada seis meses para transmitirse todos sus conocimientos.

LUCAS CABIEDES
TIENE ONCE AÑOS Y ESTE CUENTO FUE SELECCIONADO PARA EL PRIMER CERTAMEN NACIONAL DE LITERATURA INFANTIL TIME OF BOOKS
Cursa sexto grado B , en la escuela Santa Rosa de Lima de la ciudad de La Plata. Tiene una hermana, Florencia Ailén de seis añitos.
Es del  Pincha. Juega al fútbol y hace teatro. Y tiene inquietudes como todo niño que quiere conocer el mundo. Y también escribe. Y lo hace muy bien.

viernes, 9 de abril de 2010

SALA DE ESPERA

Cuatro. Apenas entrò, la morocha se enganchò las medias de red con una astilla que sobresalía de la vieja mesa que estaba en la sala de espera. Se mordió los labios. De la bronca que tenía, comenzó a practicar con sus cuchillos afilados frente a la mirada temerosa de todos los que estaban esperando antes y después que ella.


Número cientotrece. La mala suerte estaba disfrazada de concurso de talentos y la enana barbuda que no le quitaba los ojos de encima a la morocha, hacía foco en su ombligo tatuado.

La chica era buena con los cuchillos, pero a su alrededor, se fue haciendo un hueco; no era cuestión quedarse sin un ojo, un dedo ó sin las partes pudendas, fileteadas como para una brochette…

Quince. Uno menos y ni se nota. El hedor no cambia: se transforma en goma pegajosa debajo de las axilas y las espaldas de los aspirantes a la fama tambaleante. La morocha de los cuchillos se rascaba los brazos con un Tramontina pizzero. Parecìa arrancarse la piel de a pedacitos: -shik…shik…shik… Los ojos de la enana se agigantaron en un segundo y de un salto se corrió al lado del mono con navaja, que le regalò un chillido de bienvenida invitándola a sentarse a su lado.

Treinta y ocho -Te abrocho-, alguien dijo por lo bajo, mientras fagocitaba con su cuerpo a la morocha de los Tramontina, cada vez que ella se inclinaba a levantar los cuchillos.

La chica mirò de reojo. Un filo de bisturì se reflejaba en su mirada. Y descubrió al autor de la temeraria frase: el falso mago con el conejo de peluche rosa, se disculpò antes de cualquier advertencia. Y la morocha le dedicò un concierto de piruetas afiladas que, entre cuchillo y cuchillo fueron despeinando al mago. Se aferró a la pared con sus manos como si fueran garfios, tan clavadas en el empapelado violeta, como los filos estaqueados sobre su cabeza. Y se escuchò bajito el padre nuestro.

Noventa y cinco. El ùltimo cuchillo fuè para el oso: como una sandìa partida en dos, se desparramó la pulpa de fantasía que tenía por relleno. Todas las baldosas de la sala fueron testigos del tremendo aterrizaje de la Mujer Objeto, así decía su remera, y El Mickey Mouse venezolano que, haciendose el distraìdo, saludaba al mejor estilo Hugo Chavez...

Noventa y seis. De tanto en tanto a la chica de los cuchillos se le entrecerraban los ojos y parecía jugar a la ruleta rusa, porque se rascaba los rulos con la punta de un Tramontina de cortar pescado, mientras con su otra mano convidaba vino tinto de una damajuana y todos brindaban sin saber porqué. Porque sí. Por el aguante. Por la fama. Por el talento…

Noventa y siete. De tanto en tanto a muchos se le entrecerraban los ojos y ya no habìa cuerpo que aguante. La chica de los cuchillos fué desmayando su borrachera graciosamente hacia los costados de un sillón fluorescente.

Con la punta de una Victorinox se hizo un tajito en el dedo índice: el empapelado violeta fue el objetivo del graffiti de la morocha: apurensé que quiero ser famosa.

Ciento trece. Parece que la morocha se durmió profundamente. ¿Paso yo? Preguntó la Mujer Objeto