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sábado, 5 de julio de 2014

EL HOMBRE QUE NO SABIA A MAR (remixado en sal marina)

Foto: EN HOMBRE QUE NO SABIA A MAR
 www.expulsadadeleden.blogspot.com

El la quería. Y como. Y cuanto. Cuanto más la quería, mas se alejaba. Más LA alejaba. Su mundo interno estaba plagado de monstruos dialecticamente contradictorios que no lo dejaban mostrarse tal cual él ¿deseaba? ¿temía?. 
A ella, EL la deseaba. A veces, no. A veces la maltrataba de: VIOLENCIA ES MENTIR, jurando en vano que no pudo ir a verla porque se quedó dormido sobre una parva de pesadillas macrobióticas. 

En realidad era un cagón de aquellos, que siempre tenía una excusa a mano, al pié, ó dentro de una lata de duraznos, para escabullirse como gato asustado. 
Como ladrón de caramelos Media Hora. 
Media hora nada más pedía ella a susurro partido, para verlo. 
Para saber que existía y que no era un invento de su cabecita PANTENE REQUETERRECONTRA LACIOS PERFECTOS.

Excusas boludas si las hay: que no podía ir a verla porque se le quemaban las tostadas de tanto pensar en ella. O que dejó ropa en la terraza y por miedo a que venga un tornado y le lleve todas sus medias gastadas, prefería esperar mirando por TV el servicio meteorológico con los alertas de madrugada. 
Y cuando pronosticaban sol a rayo partido: ese preciso día dejaba la SUBE, para limpieza a seco en la tintorería...

Un día EL, a pedido de ELLA, consultó con un Terapista Ocupacional Comunicacional: Le diagnosticaron SINDROME DEL HOMBRE QUE TIENE MIEDO A AMAR. 
“-¿Al mar?”- preguntó, haciéndose el requete-remil-desentendido (ergo, pelotudo). 
“-Porque el mar me provoca pánico"-. 
-Claro: como las mujeres que ama. Ocurre a uno de cada tres, a los que son signos de agua. "-Panic attack women, que le dicen, muchacho...- le respondió el T.O.C.
-“Si, si: ya sé que soy de piscis, pero ¿vió?, creo que, en otra vida me enredé en un anzuelo y quedé ciego de culpa y cargo”-.

Dicen sus amigas lesbianas, que una vez, se enamoró de un libro que se titulaba PROHIBIDO AMAR. Era su biblia y lo leía cada vez que iba a la playa a reencontrarse con algún cardúmen de la familia. 
Un amanecer, en la mitad de la página 28, se durmió en la arena caliente y el mar le sacudió con mil novecientas sesenta y cuatro olas y una ráfaga de viento. Tres latas de cerveza vacía y un escupitajo. 

Ese día, EL contrató un TEMOR y una EXCUSA para que se queden a vivir dentro de su intestino delgado, con chaleco salvavidas incluido.

Después, ante la persistencia de dolores abdominales inventados para cada ocasión y complejos no diagnosticados ni en el DSM-4, le recetaron una úlcera péptica en comprimidos ranurados. 
Por ocho años la persistencia de síntomas molestos le fracturaron el ELLO y el YO.
Por las dudas, y porque no sabía nadar, le dieron perímetro de acercamiento al mar. Pero eso, ya es otra historia…

El la quería. Y como. Y cuanto. Cuanto más la quería, mas se alejaba. Más LA alejaba. Su mundo interno estaba plagado de monstruos dialecticamente contradictorios que no lo dejaban mostrarse tal cual él ¿deseaba? ¿temía?.
A ella, EL la deseaba. A veces, no. A veces la maltrataba de: VIOLENCIA ES MENTIR, jurando en vano que no pudo ir a verla porque se quedó dormido sobre una parva de pesadillas macrobióticas.

En realidad era un cagón de aquellos, que siempre tenía una excusa a mano, al pié, ó dentro de una lata de duraznos, para escabullirse como gato asustado.
Como ladrón de caramelos Media Hora.
Media hora nada más pedía ella a susurro partido, para verlo.
Para saber que existía y que no era un invento de su cabecita PANTENE REQUETERRECONTRA LACIOS PERFECTOS.

Excusas boludas si las hay: que no podía ir a verla porque se le quemaban las tostadas de tanto pensar en ella. O que dejó ropa en la terraza y por miedo a que venga un tornado y le lleve todas sus medias gastadas, prefería esperar mirando por TV el servicio meteorológico con los alertas de madrugada.
Y cuando pronosticaban sol a rayo partido: ese preciso día dejaba la SUBE, para limpieza a seco en la tintorería...

Un día EL, a pedido de ELLA, consultó con un Terapista Ocupacional Comunicacional: Le diagnosticaron SINDROME DEL HOMBRE QUE TIENE MIEDO A AMAR.
“-¿Al mar?”- preguntó, haciéndose el requete-remil-desentendido (ergo, pelotudo).
“-Porque el mar me provoca pánico"-.
-Claro: como las mujeres que ama. Ocurre a uno de cada tres, a los que son signos de agua. "-Panic attack women, que le dicen, muchacho...- le respondió el T.O.C.
-“Si, si: ya sé que soy de piscis, pero ¿vió?, creo que, en otra vida me enredé en un anzuelo y quedé ciego de culpa y cargo”-.

Dicen sus amigas lesbianas, que una vez, se enamoró de un libro que se titulaba PROHIBIDO AMAR. Era su biblia y lo leía cada vez que iba a la playa a reencontrarse con algún cardúmen de la familia.
Un amanecer, en la mitad de la página 28, se durmió en la arena caliente y el mar le sacudió con mil novecientas sesenta y cuatro olas y una ráfaga de viento. Tres latas de cerveza vacía y un escupitajo.

Ese día, EL contrató un TEMOR y una EXCUSA para que se queden a vivir dentro de su intestino delgado, con chaleco salvavidas incluido.

Después, ante la persistencia de dolores abdominales inventados para cada ocasión y complejos no diagnosticados ni en el DSM-4, le recetaron una úlcera péptica en comprimidos ranurados.
Por ocho años la persistencia de síntomas molestos le fracturaron el ELLO y el YO.
Por las dudas, y porque no sabía nadar, le dieron perímetro de acercamiento al mar. Pero eso, ya es otra historia…

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